La invasión musulmana
La incursión en la península hispano visigoda se inicia por los musulmanes en la primavera del año 711 y su ocupación se realiza en breves años. En el año 714 las fuerzas árabes y bereberes se internan en el valle del Ebro. El dominio musulmán se consolidó con la colaboración de notables indígenas.
Los nuevos dueños ocupan los llanos del sur y controlan el área pirenaica. La mayor parte de la población adopta la religión musulmana, los muladíes, que son arabizados por intereses de poder y plenitud de derechos; otra parte, los mozárabes, mantienen la religión cristiana en tierras ocupadas. Restos de la nobleza hispano visigoda y dirigentes religiosos cristianos ocuparon las tierras montañosas del norte.
Todos reconocieron la autoridad musulmana. Se respeta la propiedad y el culto a cambio de tributo.
Estas tierras se integran administrativamente en la Marca Superior con capitalidad en Zaragoza, representante del poder cordobés y el Alto Aragón se divide en los distritos de Huesca y Boltaña, éste trasladado posteriormente a Barbastro, con Monzón y Fraga dependiendo de Lérida.
Cada distrito tenía su capital poblacional como centro militar, administrativo y religioso, rodeándole pequeñas fortalezas locales.
Los castillos musulmanes
Las primeras fortificaciones de la provincia de Huesca son las musulmanas entre los siglos IX y X, consecuencia del devenir histórico desde la invasión árabe en el siglo VIII.
Quedan pocas conservadas y mal valoradas, situadas al sur de las sierras Exteriores: San Mitiel de la Sotonera, Tormos, Alcalá de Gurrea, Huesca. Piracés, Alberuela de Tubo Usón, La Mesadera, Peralta de Alcofea, Binaced y Fraga; también Huesca y con apenas restos en Alcolea de Cinca y Calavera de Belber de Cinca.
Cronológicamente existían en el siglo X: Huesca (874-875), San Mitiel y Tormos siglo X (Galtier), como Piracés (Esco-Senac), la Iglesieta de Usón (Senac) y Alberuela de Tubo (Esco-Senac). Binaced y Fraga son posiblemente más tardías siglo XI.
Los Castillos del siglo XVI
“Entre los siglos XII y XV prácticamente no existe actividad constructiva“ referido a fortificaciones, comparativamente con su prolificación en los siglos inmediatos anteriores y posteriores, entre éstos últimos “aunando los escasísimos estatales –Jaca, Ainsa, Berdún...-, castillos y torres señoriales, casas torreadas de notables rurales y decenas de campanarios de iglesia repletos de aspilleras.”
“Centuria extraordinariamente crispada... la pugna monarquía reino de Aragón,... revueltas... y pulso religioso en Francia” así como conflictos entre concejos, vecinos entre sí, levantamiento de vasallos, movimientos antiseñoriales, bandolerismo generalizado desde los valles pirenaicos a Fraga, son la justificación a la abundancia de construcciones defensivas.